
Si no hay más remedio, tienes que actuar por fuerza en las entrañas de la tierra, ya que el arbusto brotatá con inusitado vigor tras su talado, del mismo modo que está haciendo el taray (Tamarix gallica). Si no quieres utilizar productos químicos agresivos con el terreno y sus organismos, haz lo siguiente:
- Primer año: corta, antes de que comience la primavera, toda la parte aérea del lilo y excava una zanja de 40 cm de profundidad alrededor del ejemplar a 60 cm, cortando todas las raíces que encuentres a tu paso, que serán las pivotantes y absorbentes.
- Segundo año: continúa, a partir de mediados de otoño, el arranque del arbusto. Sólo tienes que descubrir su peana, descalzándola y echando la tierra a la zanja del año anterior. Seguro que comenzará a moverse desde el primer picotazo y extirpar la masa de madera será fácil.
- Ante todo, trabaja siempre cuando la tierra se encuentre en tempero (blanda, pero no encharcada). Tapa el hoyo del lilo con sustrato nuevo, rico y fresco, y excava el del acerollo (Crataegus azarolus) junto a él.