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El rododendro

A la sombra, en terrenos ácidos y húmedos, el rododendro (Rhododendron sps.) ofrece una vistosa floración que se prolonga hasta la primavera. Aunque típicamente atlántico, puedes cultivarlo en cualquier lugar siguiendo estos consejos.


GUÍA DE CUIDADOS

Sitúalo a la sombra. Siempre hay que instalarlo a cubierto de los rayos solares, aunque no le importa si la sombra es total o parcial. Plántalo bajo árboles más altos o al lado de un muro orientado al oeste. Prefiere los climas frescos y húmedos y le favorecen las temperaturas bajas.

Instálalo en un suelo ácido y fértil. Es necesario plantarlo en un suelo ácido, con un pH de 5 o 6, y con mucha materia orgánica en descomposición: mantillo de hojas, turba... Crecerá mejor si el terreno es fresco pero cuenta con un drenaje eficaz. Una vez al año, en primavera, aplica un recebo para conservar la humedad del terreno.

Riégalo abundantemente. Como le gusta mucho la humedad, si no llueve regularmente en tu zona tendrás que regarlo a menudo, sobre todo durante los meses más cálidos y siempre que puedas usando agua de lluvia. No dejes que se seque nunca la capa superficial del suelo.

No lo podes. Su porte natural aconseja no podarlos, salvo en circunstancias concretas, por ejemplo para darle forma, y haciéndolo siempre tras la floración.


Acoda aprovechando las ramas bajas tal y como te indicamos a continuación:

 

 

Elige una rama baja y practícale un corte longitudinal a la corteza hacia la mitad. Entierra esta parte en el suelo, a 5 cm de profundidad, sujetando con una piedra.

 

 

 

 

Pon un acolchado sobre el acodo para favorecer el desarrollo de las raíces. Pasados dos años, sepáralo de la planta madre con unas tijeras y plántalo a parte.

MALES Y REMEDIOS

  • ¿AMARILLEOS?
    En suelos alcalinos las hojas del rododendro suelen amarillear y llenarse de manchas marrones. Es clorosis: un mal leve pero muy antiestético. Si lo instalas en un suelo calizo, separa el hoyo del resto de la tierra poniendo una lámina de plástico en el fondo y añade materia orgánica
    en primavera. Para amarilleos puntuales aplica reverdeciente.
  • ¿MOHO GRIS?
    El exceso de humedad puede provocar botritis o moho gris, un hongo de pudrición cuyos síntomas son manchas acuosas al tacto, de color blanco o grisáceo. Elimina las partes afectadas por la enfermedad y aplica enseguida un buen fungicida. Para evitar que vuelva a surgir, asegúrate de que el suelo drena bien.
  • ¿DEBILITAMIENTO?
    Si tus rododendros están débiles y pierden hojas, puede tratarse de armillaria, un hongo que actúa a nivel de las raíces. Si la planta está muy afectada, lo mejor es arrancarla y no volver a plantar en el mismo sitio hasta pasados unos años. Si el mal no está muy extendido, elimina las zonas atacadas y trata con fungicida sistémico.
  • ¿PULGONES?
    En las zonas cálidas
    puede aparecer el pulgón en primavera, un insecto que chupa la savia, debilita a los ejemplares y deja el follaje pegajoso y arrugado. Mantener cierto nivel de humedad ayuda a prevenirlo, así que si no llueve, además de regar, pulveriza tus rododendros en los días más cálidos. Contrólalo con insecticida específico.

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